miércoles, 7 de marzo de 2012

Física

No es que sea física. Es otra cosa (y no en el sentido aristotélico de la expresión).

Las teorías entrópicas sirven para explicar muchos fenómenos que tienden al caos, mas, ¿cómo encontrar una evidencia tangible, aunque sólo lo sea por lo cálculos matemáticos, de que la propia vida humana tiende a la desestabilización? No es posible, obviamente.

Pero la experiencia, a modo de sabio profesor, nos dicta que debería ser más sencillo aceptar la infelicidad (si entendemos tal concepto como el equivalente a la entropía en su aplicación a la psique humana) que el contentismo absoluto. No superlativemos ni ensalzemos la felicidad como algo supremo, puesto que al privársenos de ella caeremos en un nihilismo prácticamente nietzschiano, como si el aire que respirásemos careciese de oxígeno, y por lo tanto, nuestras mitocondrias celulares no pudiesen realizar su sacra función.

Y ciertos seres, despreciables ellos a ojos de muchos, se sienten ya por naturaleza, más cómodos rodeados de ese desordenado caos que de la felicidad apacible. Porque el caos presenta con su existencia una infinidad de remedios a sí mismo, tan concretos algunos como inabarcables otros, soluciones a un imposible rompecabezas que, por el propio hecho de no poder realizarse, tiene el aprecio de los llamados locos, que en él visionan una apabullante cascada de posibilidades.

A veces el remedio no es evadirse sino aceptar la maldita desgracia y disfrutar de ella.