viernes, 7 de octubre de 2011

Maggie, para esto mejor quédate dormida.

Pues el gorrión murió. El maldito y pequeño alado perdió su triste vida enredado entre los hilos de jodida perdición que le atenazaban con inexorable decisión.
Un principio que se las prometía placentero y deleitable, el conseguir el rico maíz, se había convertido en una vil tortura.
Ya jamás podría volver a levantar el vuelo sobre los melocotoneros del campo vecino, ni podría piar y emitir su canto en las cuadras, compitiendo con los pinzones. ¿Y las hembras? Ni un triste hijo, su sangre desaparecerá de este mundo para siempre, ninguna descendencia heredará su ADN, sus cromosomas, su línea de existencia.
Todo se reduce al abandono, al deseo de algo que no se puede poseer, a la resignación ante la podredumbre de tus propias plumas, devoradas por fétidos insectos carroñeros mientrás aún respiras poco a poco, con las tripas retorciéndose dolorosamente sobre si mismas ante la total falta de alimento.
Es la nada más tremendista y absoluta.
De ella no puedes librarte, no puedes cortar las ataduras.

Y así murió el jodido gorrión, sin que nada ni nadie lo evitase.

Maggie, duerme ahora , consigue volar en tus sueños.

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