lunes, 9 de mayo de 2011

Fotógrafo de Guerra

James Natchwey, Eddie Adams, Raymond Depardon, Robert Capa...
Son tan sólo un pequeño puñado de nombres que nos han enseñado la historia mejor de lo que cualquier resabido profesor o manoseado libro de texto podrían hacerlo jamás. A través de los objetivos de sus cámaras fotográficas hemos visto lo mismo que sus ojos vislumbraron en su día.
Destrucción, agonía y realidad.
Es mirar a la muerte a los ojos. Las balas de los serbios silban a tu alrededor como vuvuzelas enfervorecidas en el conflicto kosovar, las minas de fabricación rusa estallan por doquier, pisadas por desafortunados soldados en la Guerra de Vietnam; los tanques israelíes aplastan cualquier posible reacción palestina.


Sentir en tus propias carnes el miedo más auténtico, a la propia muerte, a la desaparición, que visita de forma indiscriminada a todo aquel que se encuentre en su campo de acción; divisar a lo lejos las explosiones como si fuesen funestos fuegos de artificio de una desquiciante fiesta en honor a la destrucción más absoluta; sufrir en las trincheras el hambre y la degradación de la salud física y mental.
No es un puto videojuego, es jugarse el pellejo en la delgada frontera que separa la defunción de la continuación de la existencia. Es la posibilidad de perder un brazo, tal vez las piernas, y peor aún, la propia cabeza. Es comulgar con los soldados en un apartado búnker en medio del desierto más estepario e abandonado, correr por una ciudad en ruinas intentado que el francotirador no descubra tu posición mientras apuntas torpemente con el objetivo de tu vieja Canon a tu alrededor, buscando una instantánea que te proporcione un billete de ida al tren de la historia, de la inmortalidad.



Nos lo jugamos todo. No es ya entrar en la disyuntiva de si puede haber algo más allá del fin, pues dejar este mundo es igual de doloroso, exista otro o no.


Eso es vida, la visión de la muerte ante nuestros ojos es lo que mejor puede hacer que nos demos cuenta del verdadero valor de nuestra vida. Y por eso y mucho más el que firma aquí se ha dado cuenta de que su sino es ser fotógrafo de guerra.

1 comentario:

Parsley sage rosemary and thyme dijo...

E Corinne Dufka. Non te esquenzas...

El puente Márquez!!!!