lunes, 6 de diciembre de 2010

Vida II

No podemos controlar lo que nos pasa en nuestra existencia, no podemos cambiar el devenir de los acontecimientos como individuo en si. Sí podemos, por otra parte, elegir, realizar modificaciones en el engranaje de nuestra historia para selecciónar uno u otro camino.
Y a veces el camino se vuelve difícil. En ocasiones nos encontramos con que las cosas que nos animaban a seguir adelante desaparecen, de una forma u otra. Aquello que infaliblemente nos sostenía y nos mantenía en pie ante el negativismo implícito en la propia existencia humana se desvanece de forma desgarrada. Es entonces cuando las dificultades parecen más perniciosas, cuando parece que no habrá fuerzas en nuestro interior para afrontar lo que queda por delante. Hay peligro de caer en el inmanentismo y encerrarse en uno mismo, alejarse de la exterioridad que nos rodea. Y no es bueno eso.
Pero pensemos que la vida a veces nos juega pasadas para que aprendamos, para que maduremos y, sobre todo, para que nos hagamos mejores. No es la solución a ningún problema el estancamiento en un estado de ánimo interior determinado, sino la elección, de nuevo, de un camino que nos lleve hacia delante. Ante un golpe un boxeador debe levantarse. Ante una gran extinción, la vida renace más diversa y exhuberante que nunca.
Ahora...hay que tomar un nuevo camino



"Incluso en la época de agobio es digna de respeto, pues es obra, no del hombre, sino de la humanidad, y, por lo tanto, de la naturaleza creadora, que puede ser dura, pero jamás absurda. Si es dura la época en la que vivimos, tanto más debemos amarla, empaparla de nuestro amor, hasta que logremos desplazar las pesadas masas de materia que ocultan la luz que brilla al otro lado" Louis Pauwels

2 comentarios:

Malaestrella dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Malaestrella dijo...

A veces no podemos manejar ni siquiera nuestras propias decisiones. Caemos en antiguos pecados, errores que jamas debieron ser desenterrados solo para darnos cuenta de que, efectivamente, eran errores. Somos esclavos. ¿Del mundo? Sí. ¿De la sociedad? Tambien. Pero sobre todo, somos esclavos de nuestra mente. Y duele, duele darse cuenta de que el peor mal de todos, el peor negrero que guia tu vida a traves de servil sentimentalismo... eres tú mismo.