domingo, 26 de diciembre de 2010

El Rey Lagarto

"Me gusta cualquier reacción que puedo lograr con mi música. Lo que sea que haga a la gente pensar. Me refiero a que si puedes hacer que una habitación llena de gente borracha y drogada pueda despertarse, estás haciendo algo."

Como ya se ha dicho de él antes, podría haber sido el perfecto poeta francés. De no ser, claro, porque, primeramente, no era francés (dios nos libre), y segundo, por el inconformismo y polemismo autoinducido que pobló su vida, su corta de vida, de no más de 27 primaveras (formando él parte del ilustre club del cual también tienen carnet Kurt Cobain y el maestro Hendrix, entre otros) haciendo de él un icono para el pópulo, un auténtico liberador, la voz de los oprimidos, un martillo de carne, el frontman definitivo capaz de hacer tambalear los cánones establecidos.


¿Dejar a la gente deciros lo que vais a hacer? ¿Dejar a la gente que os manejen? ¿Cuánto tiempo creéis que esto va a durar? ¿Cuánto tiempo vais a dejar que esto siga así? ¿Cuánto tiempo vais a dejar que ellos os manejen? A lo mejor amáis que os metan la cara en la mierda... Sois todos un puñado de esclavos. Puñado de esclavos. Dejando que todos os manejen. ¿Qué vais a hacer al respecto? ¿Qué vais a hacer al respecto...? ¿Qué vais a hacer?

No es que fuera el único integrante de The Doors, no olvidemos, por favor, al irrepetible Ray Manzarek a los teclados, al habilidoso guitarrista Robby Krieger y al eficiente baterista John Densmore, pero sí era la cara más reconocible, el rostro, la voz, la representación total del resto de la banda. Y qué representación. Este caballero atraía sobre si mismo de forma hipnótica y contínua la atención del público, actuando de una forma casi lasciva, regodeándose en la sexualidad que emanaba de todos sus poros, incluyendo en sus canciones gemidos más propios de una cópula, de un violento coito animal, que de un disco de rock psicodélico, cautivando por doquier con su voz de barítono, interpretando poesías que nacían de los más hondo de su alma. Su interpretación absolutamente hechizante del Back Door Man de Howlin Wolf; su momento álgido en la parte del "mojo rising", clímax del tema L.A. Woman son sólo algunos de los casos en los que el poeta y cantante de Melbourne, Florida, llegó a tocar el cielo con los dedos, llegó a ser parte de la historia, alcanzando quizás así la inmortalidad.


Pero es en The End, ésa épicamente apocalíptica composición teñida de complejo de Edipo, aderezada con un bajo sinuoso y enigmático, cuando podemos hacernos una verdadera idea de lo que era Jim Morrison en realidad.

-Father?
-Yes, son?
-I want to kill you...
-Mother?
-I want to... fuck you!!!.
El deseo y la muerte, un polimórfico contraste musical por debajo de la oscura y sobrecojedora historia que nos cuenta Morrison conforman uno de los instantes más estremecedores jamás encontrados en el plástico de un CD.


Mucho se ha dicho de Morrison, y poco que el abajo firmante, en su ignorancia y desconocimiento, pueda añadir, así que concluiré con las palabras de Ray Manzarek:

"Si existe un tipo capaz de escenificar su propia muerte creando un certificado de muerte ridículo y pagando a un doctor francés.. y poniendo un saco de ciento cincuenta libras dentro del ataúd y desaparecer a alguna parte de este planeta -África, quien sabe- ese tipo es Jim Morrison quien seria capaz de haber llevado todo esto a buen puerto."




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