miércoles, 28 de julio de 2010

1984 (II)

-¿Estáis dispuestos a dar vuestras vidas?
-Sí.
-¿Estáis dispuestos a cometer asesinatos?
-Sí.
-¿A cometer actos de sabotaje que pueden causar la muerte de centenares de personas inocentes?
-Sí.
-¿A vender a vuestro país a las potencias extranjeras?
-Sí.
-¿Estáis dispuestos a hacer trampas, a falsificar, a hacer chantaje, a corromper a los niños, a distribuír drogas, a fomentar la prostitución, a extender enfermedades venéreas... a hacer todo lo que pueda causar desmoralización y debilitar el poder del Partido?
-Sí.
-Si, por ejemplo, sirviera de algún modo a nuestros intereses arrojar ácido sulfúrico a la cara de un niño, ¿estaríais dispuestos a hacerlo?
-Sí.
-¿Estáis dispuestos a perder vuestra identidad y a vivr el resto de sus vidas como camareros, cargadores de puerto...etc?
-Sí.
-¿Estáis dispuestos a suicidaros si os lo ordenásemos y en el momento en el que os lo ordenásemos?
-Sí.
-¿Estáis dispuestos, los dos, a separaros y no volveros a ver nunca?
-No.

domingo, 25 de julio de 2010

1984

Winston se apoyó en el alféizar de la ventana. Era inútil proseguir. Iba a pedir más cerveza cuando el viejo se levantó de pronto y se dirigió renqueando hacia el urinario apestoso que estaba al fondo del local. Winston siguió unos minutos sentado contemplando su vaso vacío y casi sin darse cuenta, se encontró otra vez en la calle.
Dentro de veinte años, a lo más -pensó-, la inmensa y sencilla pregunta <<¿Era la vida antes de la Revolución mejor que ahora?>> dejaría de tener sentido por completo. Pero ya ahora era imposible contestarla, puesto que los escasos supervivientes del mundo antiguo eran incapaces de comparar una época con otra. Recordaban un millón de cosas insignificantes, una pelea con un compañero de trabajo, la búsqueda de una bomba de bicicleta que habían perdido, la expresión habitual de una hermana fallecida hacía muchos años, los torbellinos de polvo que se formaron en una mañana tormentosa hace setenta años... pero todos los hechos trascendentales quedaban fuera del radio de su atención. Eran como las hormigas, que pueden ver los objetos pequeños pero no los grandes. Y cuando la memoria fallaba y los testimonios escritos eran falsificados, las pretensiones del Partido de haber mejorado las condiciones de la vida humana tenían que ser aceptadas necesariamente porque no existía ni volvería nunca a existir un nivel de vida con el cual pudieran ser comparadas.

George Orwell, 1984

jueves, 8 de julio de 2010

Ergo Proxy

Mejor, haga el favor de
venir ayer.
Sí, ayer a esta misma hora.
así podrá encontrarse consigo mismo.
Yo siempre me encuentro en el ayer.
...

Pásese usted ayer, por favor.
Estoy seguro de que conoce el
camino que le llevará a su ayer.
Y cuando lo haga, asegurese de tomarse su tiempo.
...

Pásese usted ayer, por favor.