martes, 13 de abril de 2010

El espíritu gris

Le llaman el espíritu gris. En realidad es sólo como una mera sombra, como una fantasmal e incorpórea presencia. De él se dice que aparece en las noches de luna roja, cuando el normalmente argénteo astro se vuelve, durante unos instantes y en toda su magnificencia, de un tono visceralmente sanguinolento. Mientras, él se desplaza, como si flotara más que andara, por las casi desiertas callejuelas de los arrabales de la ciudad. Los gatos de color azabache, de enormes e hipnotizantes ojos son sus aliados y lo saludan respetuosamente con solemnnes y mortuorios maullidos.
No es muy alto, no es muy corpulento, pero su presencia llama la atención allí donde va. Enfundado en sus negros ropajes cual fantasma de la ópera vaga por las calles y bulevares abandonados, rumiando en voz baja, casi inaudible, desconocidas canciones sobre lejanos mundos, que nunca verán la luz.
Tal vez fue en una lluviosa noche de Noviembre, como esa a la que cantan los Guns N’ Roses, como esas en las que hace frío y entran ganas de juntarse todos junto a la cálida chimenea para contar cuentos de viejas, cuando me relataron la historia de este ser.
Hace mucho tiempo, en los olvidados albores del pasado siglo, fue humano. Se dice que se enamoró de una bella mujer de una forma tan intensa, tan arrolladora, que terminó por volverse loco. Se arrancó su propio corazón y se lo entregó. No murió, pero tampoco estaba vivo. Pero como todos sabemos, el amor es voluble y cambia y fluctúa de forma contínua, y la mujer un día lo abandonó, huyendo con su corazón.
Él estuvo a punto de consumirse. No murió, pero tampoco podía vivir sin un corazón. Se vio reducido a un fantasma, un mero espíritu vagante. Una sombra del pasado.
Ahora avanza por la ciudad bajo la bermeja luz de la luna, buscando a inocentes y virginales jovencitas.
En cuanto encuentra a una de estas desamparadas muchachas, la hechiza con sus ojos, hundidos y oscuros como un pozo de alquitrán, interminables, hermosos y atemorizadores, contenedores de la sabiduría de los años y de la desesperanza más profunda. La joven se siente desfallecer ante su presencia, antes esas enormes pupilas. A punto de desmallarse, ella se apoya en la pared, pero aún no ha empezado todo, lo peor. A él no le basta. El espíritu coje a la mujer por la cintura, delicadamente, con suavidad, recorriendo con sus manos el cuerpo joven y turgente...los labios de ambos se unen en un largo y apasionado beso, desándose, casi amándose, casi; sus cuerpos entran en sensual y carnal contacto, el éxtasis más divino recorre los nervios de la mujer...y todo se rompe. El fatal desenlace llega cuando el espíritu gris, violentamente, le arranca el corazón a la muchacha. Nada puede salvarla ya. El alma de la mozuela se desvanece en el aire, flotanto en el espacio como una fresca brisa de primavera en cuanto el fantasma devora su delicioso corazón, destrozándolo con sus dientes, engulléndolo, saboreando golosamente la rica sangre que del órgano mana.
Y así es. Cada noche de Luna Roja, el espíritu gris seduce a una joven virgen para robarle el corazón, pues él carece del suyo y tan solo busca recuperarse del dolor que asola su alma. Pero su indecible sufrimiento no tiene ya cura posible. Seguirá robando corazones, arrebatándoselos a sus propietarias por los años de los años. Por la eternidad.


E si, mandei á merda todo o que tiña escrito anteriormente porque, á fin e ao cabo, era basura...e xa postos a poñer lixo, pois poñemos lixo de verdade

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